QUIXOTE - (Julia Herrera) (Spagnol - Portugues)

Poema y cuadro realizado a beneficio de "Alcer Soria - Lucha contra enfermedades de riñón" 2011
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Querido Quijote de habla hispana,
Dulcinea te piensa
en tierra extraña.

Grandes carabelas llegaron,
repletas de bravos y toscos hidalgos
que se dejaron seducir
por los "Cantos de Sirena"
al avistar Brasil.

Los tornados silbaban
anunciando que muchos quedarían
en aquel lugar,
Y heme aquí, querido Quijano,
de regreso a la tierra de los molinos y del secano
que seguro que uno de aquellos
fue mi padre y a casa regresó
en busca de su legado.

Y viendo que tanto bueno tengo que retratar
ideé de nuevo a usted inmortalizar.
A usted, que tan amoroso y valiente fue
con quien solo existió
en el desván de su querer.

Así que,
querido Quijano
pretendo forme usted
presencia de mis haberes
y en el de esta casa, que a tan bien tiene
en tenerle.

Camino adelante andaba yo
mirando en dónde poner
nuevos zapatos a mi jamelgo
y con ella me encontré.

Una herrera que con el yunque y la maza
da forma a las letras mientras...
en el Cantar de Cantares baila!

Díjome,
que se los haría de suave tafilete
que ha ya mucho que anda y anduvo
con esos hierros clavados en sus pies,
mejor atarlos con un nudo
"mucho mejor..."
es, de mejor ver!

No luches más querido mío,
no luches más Quijano,
no vayas a herirte la mano
como lo hizo un día el manco de Lepanto!
quién ha tantos lustros esculpió,
tus letras con sus manos.

Querido Quijano,
de armadura maltrecha y hambre
esculpida en la tez
que luchas contra las aspas de tu propia aridez.

Permíteme que te pinte y que te cuente
que... ha tiempo que le aguardaba.
Mucho tardó usted!




Caro Chisciotte

di lingua ispana,

Dulcinea ti pensa

in terra strana.



Grandi caravelle arrivarono,
colme d’audaci e rozzi nobili
che ammaliare si lasciarono
dai “Canti di Sirena”
in vista della costa brasiliana.

Imperversando forte l’uragano,
presagìa che tanti là sarebbero rimasti.
Ed eccomi ora qui, caro Quijano,
di ritorno alla terra riarsa dei mulini,
a dirti che, di certo, uno dei tanti
fu mio padre che, a casa, da quei lidi
venne a cercar suo lascito dopo anni.

E al veder che tanto di buono ho da effigiare,
ritenni saggio - di nuovo – immortalare
te, che tanto coraggio e tanto cuore
dispensasti per chi esisté soltanto,
nell’alta soffitta del tuo amore.

Cosicché, caro Quijano, ora pretendo
che nel museo dei miei averi prenda forma
la tua presenza, ed anche intendo,
in quello della casa che s’adorna
del bene di poterti possedere.

Cammin facendo, guardando dove metter
scarpe nuove al mio ronzino, con lei m’incontrai:
una ferraia che, con mazza e incudine, forgiava
le lettere mentre il Cantico dei Cantici danzava.

Mi disse:
“Meglio fargliele di tenero cuoio, che
già da molto ha camminato e cammina
con quei ferri inchiodati ai pié.
Meglio legarle con una corda fina
molto meglio, di miglior vista è!”

Non combatter più mio caro,
¡non combatter più Quijano!,
non ferirti la mano,
come fece un giorno
il Monco di Lepanto!!!
Che da tanti lustri modellò
le tue lettere di sua mano.

Caro Quijano dall’armatura disfatta
e la fame scolpita sulla faccia
che lotti contro le pale della tua aridità,
lasciati dipingere e dire in onestà
che ti attendevo da tanto,

¡E molto tardasti ad arrivar!

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